viernes, 18 de noviembre de 2016

EL LEGADO DE LA HISTORIA



Cuando ponemos empeño en dar a conocer los actos e ideas de grandeza  que recoge nuestra historia. Lo hacemos con el ánimo de inspirar a las generaciones futuras tanto con esas ideas elevadas; como a la vez, con la exposición de aquellos errores del pasado que tanto dolor y sufrimiento causaron a quienes los padecieron, en la esperanza de que iluminen las mentes y los corazones de quienes hayan de vivir en el futuro, para que no vuelvan a repetirse.

Aunque muchos no dejen descendencia directa en este mundo, por humana empatía y fe en las personas de buena voluntad, siempre podrán sentirse reflejados en cuantos hayan de vivir en los tiempos venideros después que ellos.  

Es suma muestra de generosidad a los ojos de la posteridad, procurar el mejor legado a las generaciones venideras, en la confianza de que tengan la inteligencia y el acierto de saber apreciar semejante tesoro, por ser depósito del conocimiento y la experiencia vivida por quienes fueron hombres y mujeres antes que ellos. Que con sus mismas debilidades y sentimientos, afrontaron los tiempos que les tocó, con sus problemas y oportunidades, unas aprovechadas en beneficio propio y de la posteridad, y otras postergadas.

La historia la escribimos todos con nuestro quehacer, en el anónimo día a día de unos, y en la relevancia más mediática de los que están llamados por ello para figurar para bien o para mal en los libros de historia.

El patrimonio histórico construido, es también reflejo de los tiempos y sociedades que los levantaron para el fin de su momento, y testigo del esfuerzo colectivo, de lo que es capaz el genero humano, cuando se organiza en saberes y esfuerzos con un propósito, demostrando ser capaces de lo mejor y lo peor a un tiempo.

La enseñanaza de la historia, debe servir para orientar en pos de lo mejor, sin ocultar lo peor de nuestra condición humana.

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